La verdadera religión

Por Noe Diaz

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta:
Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones,
y guardarse sin mancha del mundo” (Stg.1:27).

 

La diversidad de religiones o creencias en el mundo y lo que el hombre ha hecho en su nombre impone la pregunta: ¿cuál es la “verdadera religión”? ¿Cuáles son los elementos o parámetros para su definición?

Durante siglos el esfuerzo por encontrar una definición universal de religión ha sido inútil. Los enfoques para este ejercicio son diversos: etimológicos, antropológicos, sociológicos, filosóficos, etc. Etimológicamente, el término “religión”, viene del verbo latino religare: obligados por un vínculo de piedad a Dios; estamos “religados”.

El Diccionario de la Real Academia Española, señala: “Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. Virtud que mueve a darle a Dios el culto debido.”

Algunos opinan que religión se usa para referirse a una obligación de conciencia que impele al cumplimiento de un deber; a un sentimiento de dependencia absoluta o a un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas.

¿Qué dice la Biblia sobre el particular?

La Biblia no define etimológica o gramaticalmente el término “religión”, pero sí aporta elementos suficientes para su comprensión. Basta referirnos a la epístola universal de Santiago, que si bien no es teológica, como la epístola de Pablo a los Romanos o la epístola a los Hebreos, sí es eminentemente práctica.

Santiago escoge el tema de la “religión pura”, o “religión verdadera”, como manifestación del amor de Dios en el corazón del creyente. Santiago señala que la “religión pura” es puesta a prueba por las tentaciones y las dificultades de los fieles, y en sí misma pone a prueba lo carnal y lo egoísta. Estas experiencias positivas y negativas de la “religión pura” revelan el contraste entre las cualidades espirituales y carnales. Por ejemplo, hay frecuentes relatos de la tentación beneficiosa y dañosa, de la sabiduría beneficiosa y falsa, de la fe verdadera y falsa, del yo espiritual y del yo carnal, y de la confianza verdadera y de la falsa.

Sin duda Santiago tiene en mente a los creyentes fieles que son ejemplos de la “religión pura” en las pruebas y vicisitudes. A éstos él anima. Santiago tiene en cuenta también a los más carnales y egoístas, cuya conducta demuestra que no han salido airosos de la prueba de la “religión pura” o “verdadera”. Pero en toda la epístola, la “verdadera religión” del corazón, ya está puesta a prueba en la vida de los fieles o poniendo a prueba y juzgando la vida de las personas carnales.

Santiago hace empleo repetido de la paradoja de afirmar la superioridad de los valores espirituales tan comúnmente incumplidos. De manera que Santiago nos habla de dos clases de fe, dos clases de sabiduría, dos clases de tentación, dos clases de confianza, dos clases de yo.

De acuerdo a lo escrito por Santiago, la “verdadera religión” debe pasar la prueba de la Escritura y de la actitud del creyente en su relación con Dios, con los demás y consigo mismo. Es decir, la “verdadera religión” no es sólo la suma de mandamientos, sacramentos, dogmas, creencias y principios espirituales y morales establecidos en la Biblia, sino la observancia y práctica de cada uno de ellos. La actitud que asuma el creyente a partir de lo establecido en la Escritura dejará ver su religión, es decir, su vínculo y compromiso con Dios.

La “verdadera religión” es aquella que mueve los pensamientos, sentimientos y voluntad del creyente a proceder siempre en todo tiempo, circunstancia y lugar con paciencia, sabiduría, amor, gozo, fe, santidad y justicia. Por tanto, la “religión verdadera” debe ser bíblica y práctica, de lo contrario estaremos frente a un remedo religioso basado en palabrería, creencias, tradiciones y mandamientos de hombres.

Lo dicho por Santiago en el capítulo 1, versículo 27, describe “la religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre” y muestra dos elementos de lo que debe ser nuestra actitud para agradar a Dios. Amor y santidad, parámetros para determinar si estamos o no en la “verdadera religión”.

 

 

Querido lector: No definas tu religión por las creencias de tus ancestros; sino por tu actitud y compromiso con Dios. ¿Estás en la “verdadera religión”?

* Pastor en la Iglesia Cristiana Interdenominacional, A.R. ser@iciar.org

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