Artículos ICIAR – Abraham y la madre de todas las batallas

Por: Aarón Cortés Hernández*abraham isaac - artículos iciar

De esta forma denominó el desaparecido Saddam Hussein a la guerra que se venía sobre su pueblo Iraquí. Los historiadores registran en número de diez, las batallas que han causado una verdadera conmoción en el mundo y consecuentemente sobre la humanidad. La más grande de las batallas de la humanidad no es ninguna de las que estamos pensando, la verdadera “madre de todas las batallas” es aquella que se libra en el corazón.

Abraham fue un hombre en cuyo corazón se libró esta gran batalla, como seguramente estimado lector, tú la estés librando en este momento. Abraham no es un simple personaje bíblico, fue el primer hombre que ganó la batalla de la fe en su propio corazón.

Desde que el mundo es; hombres y mujeres singulares lo han estado constantemente transformando, cada día el mundo es diferente y los hombres y mujeres que transforman al mundo son hombres de fe que han ganado la batalla dentro de sus corazones.

Permítame volver a nuestro personaje, 1,500 años antes que los griegos y los romanos Abraham sentó las bases de la civilización; cierto Egipto fue 1000 años antes que Abraham y 2000 años después de él, Egipto y su esplendor nos han dejado Pirámides y Monumentos; en medio de las arenas del desierto de pronto aparecen gigantescas construcciones tan colosales como el propio ego de sus constructores. En el plano moral ¿qué influencia puede tener una Pirámide? Abraham por todo Mesopotamia, Egipto, Israel y lugares circunvecinos no dejó un solo edificio que hable de su grandeza, una simple cueva en Macpela nos da información de la tumba de su esposa. Ni una pequeña estela en el plano físico o arquitectónico, pero el judaísmo, el cristianismo y el islam si tienen los principios morales más grandes de la humanidad y su influencia ha trascendido a todas las religiones.

Abraham no tenía obligaciones religiosas como las tenemos hoy día, jamás asistió ni a misa ni a un servicio evangélico, mucho menos compareció en su vida a los lugares sagrados del islam. Muchos de nosotros somos fieles a una tradición y por ello a una religión, pero Abraham no tenía una sola tradición a que aferrarse, no tenía una teología ni bíblica ni sistemática mucho menos dogmática. Abraham simplemente conocía a Dios, pero ese conocimiento era personal. Él no era un intelectual por más que se diga que estudio en Ur de los Caldeos y otros lo asocien con el mismo Hamurabi, pero Abraham era sabio porque temía a Dios, la batalla más grande de su corazón fue cuando Dios le pidió en sacrificio a su hijo Isaac; en sus tiempos el sacrificio humano era común y corriente y 3000 años después de Abraham era igualmente común, pero a Abraham le pareció algo muy extraño que el Dios que le había dado a su hijo ahora se lo pidiera de manera tan radical por la vía del sacrificio. La verdad es que Dios jamás tuvo el propósito de que un muchachito muriera desangrado, no. Dios probó a Abraham y de hecho estaba el Señor introduciendo al mundo una nueva forma en que la máxima expresión religiosa no lo fuera el derramamiento de sangre. Y lo hizo proveyendo el Cordero para el sacrificio.

Imagínate toda esta escena, puedes leerla en tu Biblia, la que tengas en casa, la versión que sea, católica o protestante, en Génesis capítulo 22 encontrarás esta historia de la gran batalla librada en el corazón de Abraham. Esta de más decir que el ganó la batalla, pero el momento decisivo fue cuando Dios paró en seco la mano de Abraham que caía sobre el corazón de su hijo ¡Qué dramático! ¿Qué enseñanza nos deja esta historia? Que las batallas del corazón se ganan por medio de la fe, este hombre mostró una fe increíble, su esperanza estaba puesta en que ese hijo que Dios pedía ser sacrificado, fuera el padre de las generaciones por venir. La Carta a los Hebreos nos dice que gano la batalla porque le creyó a Dios que podía resucitar a su único hijo si era, necesario. Como nos inspira esta historia, pero sobre todo porque hubo uno que no libro a su Hijo de la muerte, el propio Padre celestial permitió la muerte de su propio Hijo, pero lo resucitó. Espero si estás en grande batalla en tu fe que la ganes por medio de Jesucristo, esta batalla dio paso a que el mismo Dios se llame a sí mismo El Dios de Abraham.

*Pastor general de la Iglesia Interdenominacional, A.R. info@iciar.org

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